Esta segunda parte reúne cinco textos que abordan esta temática de las TC en las artes marciales y los deportes de combate de una manera desde un punto de vista metodológico muy diferente. La experiencia corporal vivida, en la que los datos interactúan constantemente con el actor, modificando así su percepción, predomina aquí frente a los análisis históricos, sociológicos o epistemológicos anteriores. Pero también en este caso, los enfoques utilizados son muy diversos, ya que las metodologías empleadas pueden variar en cuanto a su grado de instrumentalización, lo que a veces requiere tecnologías punteras. Así, el trabajo de Dov Ganchrow se propone generar acciones creativas a partir de golpes en un saco conectado, lo que provoca un proceso que conduce a la producción de un nuevo objeto tridimensional. Es cierto que el ordenador también está muy presente en el trabajo de Agnès Roby-Brami, Océane Dubois y Emmanuel Guigon, pero el proceso de registro de los movimientos lentos y codificados de la espada de Taichi (Jian) utilizado pone fin a su comparación. Así como el primer autor quiere hacer de ello un acto de creación original que abra nuevas perspectivas en términos de artesanía, los segundos tienen como objetivo identificar la mentalización de la intención a través de experiencias futuras. Del mismo modo, Éric Margnes y Benoît Catala ofrecen otro planteamiento en su experiencia destinada a mejorar el entrenamiento en boxeo tailandés. Se basa en un enfoque inspirado, en parte, en la didáctica de las disciplinas científicas y tecnológicas, por un lado, y en la didáctica clínica, por otro. Tiene como objetivo comparar los efectos de un modelo bastante transmisivo de las decisiones tácticas frente a un modelo auto-adaptativo que permite valorar, para el entrenador, los conocimientos de orden estratégico y táctico. Muy diferente es el estudio de David S. Contreras Isla sobre una clase de capoeira como práctica repetitiva abordada como una experiencia formativa (bildende Erfahrung) de repracticar (Umüben) y el de Ai-Cheng Ho, que intenta realizar un sincretismo a partir de un marco teórico alimentado por una pluralidad de referencias. Si el primer autor se inspira en la fenomenología de las experiencias motoras de Merleau-Ponty, y en particular en la teoría de la práctica (Übung) que se deriva de ella, el segundo basa su trabajo en su pasado como actriz profesional, su formación en la Escuela Jacques Lecoq, su experiencia con el Kunqu (崑曲) y su práctica continua del Taijiquan en la línea Yangjia Michuan (楊家秘傳太極拳). Desde entonces, la experiencia fenomenológica de David S. Contreras Isla conduce a transformar a la persona a través de la relación motriz, que puede ser utilizada en las artes marciales para concebir situaciones de práctica donde se realizan experiencias formativas, mientras que el enfoque original de Ai-Cheng Ho permite, mediante la lectura de escritos y el intercambio con los estudiantes-actores, postular que la toma de conciencia de sus cuerpos facilita su disponibilidad para el juego, o dicho de otro modo, su presencia escénica.
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