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Podemos concluir que en este libro se han abordado dos grandes cuestiones. La primera responde a la necesidad de crear un manual para el profesional de la Arqueología que sirva como base para la excavación, extracción, documentación y estudio de la pintura mural romana, sea cual sea su contexto de hallazgo. La segunda, el análisis del conjunto hallado en la taberna (T.7) de la Domus 3 (Insula I), ha servido como pretexto para aplicar todo lo explicado en el apartado metodológico y también para presentar una decoración que hasta ahora había sido parcialmente publicada (Balmelle et al. 2005; Íñiguez 2014).

A lo largo de todo el escrito, hemos intentado dar una visión del conjunto pictórico que presentamos, abarcando distintos aspectos, tales como su lugar de procedencia y también sus características técnicas, estilísticas y cronológicas.

Una peculiaridad es su procedencia. Por un lado, hay que destacar que el conjunto es originario de una casa situada en uno de los mejores lugares del yacimiento, cerca de las termas y con vistas al foro. Por otro lado, en cuanto a su hallazgo dentro de un contexto arqueológico, hay que señalar el hecho de que no solamente no se encontraba in situ sino que tampoco había sido enterrado tras un proceso natural acaecido por el derrumbe de la casa, sino que fueron los propios artesanos quienes decidieron destruir la estancia donde se encontraba para usar el material pictórico como relleno de una taberna. La metodología utilizada para el estudio del conjunto ha estado plenamente influenciada por este hecho, que afectó tanto a la fase de excavación como a las labores de limpieza y restitución. Pensamos que dentro de la domus ocuparía un espacio situado en los pisos superiores, seguramente en la tercera planta, ya que este emplazamiento fue el propuesto para el triclinio perteneciente a la misma vivienda.

Si atendemos a sus características técnicas, estas se pueden resumir de la siguiente manera: en los fragmentos en los que se han conservado todas las capas del enlucido, hemos comprobado la existencia de tres capas de mortero que disminuyen en tamaño cuanto más se acercan a la capa pictórica, no ocurriendo lo mismo con las dimensiones de los gránulos de los materiales utilizados para la composición del mismo. El enlucido se dispuso desde la parte superior a la inferior dividiendo la pared en las características giornatas, aspecto corroborado por la pontata presente entre el zócalo y la zona media. Cuenta con un sistema de sujeción denominado en espiga, zig-zag o en V, con incisiones con una separación irregular entre ellas y que muchas veces no llegan a unirse. En lo que respecta a los trazos preparatorios de la decoración, hemos constatado la utilización de la incisión y el trazo pintado, utilizados ambos tanto para marcar las líneas maestras de la pared como para los ornamentos más cuidados y finos. La paleta de colores que presenta es muy variada, rica y de muy buena calidad. Es particularmente extraordinario el uso del rojo cinabrio para decorar los paneles medios, como también lo es la utilización del azul egipcio, ambos pigmentos, sobre todo el primero, de elevado coste, lo que nos permite hipotetizar acerca del poder adquisitivo del dominus. La técnica pictórica utilizada fue el fresco, y así parece demostrarse en las características que presenta la conservación de los fragmentos, ya que la mayoría de éstos muestran una pulverulencia provocada por la pérdida de la capa protectora de carbonato que se forma tras la aplicación de esta práctica.

La descripción detallada del conjunto y el estudio estilístico de los diferentes ornamentos nos ha permitido comprobar que contamos con una pintura que decoraría una estancia cuadrada o más probablemente rectangular en la que dos de las paredes tendrían tres paneles mientras que las otras dos tendrían cinco o siete. Presentaría un esquema compositivo y ornamental que se resolvería de la siguiente manera: un zócalo con paneles de fondo negro decorados con macizos vegetales y unos interpaneles que junto con el rodapié imitarían mármol giallo antico. Una zona media en la que se alternan paneles rojos y azules –aunque, al menos, en una de las paredes se incluyen paneles amarillos–, con interpaneles de fondo negro o rojo –en el caso de la pared con paneles amarillos– decorados con candelabros que imitan modelos metálicos o vegetales, que no sobrepasarían la zona media. Esta estaría ornamentada con un cuadrito central seguramente presente en todos los paneles que ocupan el centro de cada una de las paredes. Se hallaría flanqueado por elementos vegetales estilizados sobre cuyas ramas se posarían pequeños animales aunque no descartamos la posibilidad de que éstos se encuentren decorando también el resto de paneles. En los laterales, la decoración consistiría en diversas figuras entre las que hemos constatado tres Musas, una figura alada femenina y un amorcillo. El friso superior se presenta con una banda negra decorada con jarritas, flores de loto y elementos vegetales. Destacan las transiciones de una zona a otra: para el paso del zócalo al a zona media se utilizaría una cornisa ficticia, una banda negra sin decoración salvo unos elementos cordiformes flanqueando el pequeño pie del candelabro, que apoya en esta zona, y una banda de fondo blanco decorada con elementos lanceolados y romboidales. El paso de la zona media a la superior se resuelve con la imitación de una cornisa esta vez decorada con elementos cóncavos con un pequeño engrosamiento en la parte inferior, que encerrarían una suerte de flores de loto esquematizadas. Esta pequeña banda se curvaría a la hora de coincidir en su desarrollo con los candelabros.

A través del recorrido que hemos realizado a lo largo de la pintura italiana y provincial, hemos podido comprobar que nuestro conjunto tiene paralelos muy cercanos en la zona campana y en otras provincias del imperio, lo que nos ha permitido, por un lado, poner en relación la factura de la decoración con talleres itálicos y, por otro, datar la pintura en torno al 35-45 d.C., es decir, en la fase IIb del III estilo.

No queremos finalizar este escrito sin insistir en el papel de la pintura mural romana como material arqueológico fundamental para el conocimiento de la sociedad romana. Es a través del análisis, fundamentalmente de la decoración de los espacios domésticos de Hispania, cuando podemos conocer cómo y de qué manera fue asimilada la nueva cultura imperante.

ISBN html : 978-2-35613-494-3
PRIMALUNA_18
Posté le 09/11/2022
EAN html : 9782356134943
ISBN html : 978-2-35613-494-3
Publié le 09/11/2022
ISBN pdf : 978-2-35613-495-0
ISSN : 2741-1818
2 p.
Code CLIL : 3668; 3682; 4117
DOI : 10.46608/primaluna18.9782356134943.8
licence CC by SA

Comment citer

Íñiguez Berrozpe, Lara, “Conclusiones”, in : Íñiguez Berrozpe, Lara, Metodología para el estudio de la pintura mural romana: el conjunto de las musas de Bilbilis, Pessac, Ausonius éditions, collection PrimaLun@ 18, 2022, 125-126, [en ligne] https://una-editions.fr/conclusiones-bilbilis [consulté le 24 octobre 2022].

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Contenu(s) additionnel(s) :

Illustration de couverture • Musa completa interpretada como Euterpe (foto J. Lope).
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