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El más espectacular conjunto urbanístico construido por Roma en las provincias occidentales del Imperio, por escala y por estado de conservación, ocupó la Acrópolis de Tarraco en el siglo I d.C. Desde entonces, constituye el armazón estructural que da forma a la ciudad histórica de la Part Alta de Tarragona. Desde el siglo XVI, con la obra pionera de Luís Pons d’Icart (1573), generaciones de arqueólogos y arquitectos vienen estudiando y dibujando estos monumentos. Tenemos que agradecer a la doctora M. Serena Vinci la reelaboración de su tesis doctoral, notablemente ampliada y reordenada, para publicar el volumen que el lector tiene en sus manos. Incluye varios cientos de páginas de texto y los numerosos dibujos necesarios para comprender las descripciones e interpretaciones de la autora. Por mi propia experiencia en los últimos 25 años dibujando estos mismos restos arquitectónicos, puedo atestiguar que el trabajo de M. Serena Vinci significa un importante paso adelante en el conocimiento y en la comprensión de los edificios que encauzaron la representación de Roma y del propio Emperador en la capital de la provincia Citerior.

Arqueología de la arquitectura, de la construcción, degli elevati, Bauforshung… son términos sustitutivos que se han puesto de moda y que se explican más por las contiendas académicas que generan los intereses corporativos que por su propio contenido. En realidad existe un único hilo argumental que comienza en Roma en el siglo XV con el dibujo de los primeros arquitectos renacentistas, continúa hasta la Ilustración con Piranesi, que en el siglo XIX está representado por los Envois de las academias de Roma y que entra en el pensamiento moderno de la mano de los arquitectos que dibujaron las grandes excavaciones de Grecia y de Oriente Medio. A finales del siglo XX encontramos los últimos eslabones de esta tradición en el mundo académico romano con la obra de investigadores como Rakob, Giuliani, Bauer, Gibson, Pensabene, Verduchi, Medri, DeLaine y Amici, entre otros. No es casualidad que M. Serena Vinci se formase en la Università degli Studi del Salento, donde actualmente imparte docencia Carla Maria Amici. Gracias a esta afortunada circunstancia y por supuesto con el esfuerzo y la contribución de M. Serena Vinci, los edificios romanos de la Acrópolis de Tarraco han acabado convertidos en el auténtico laboratorio de pruebas para valorar nuestra eficacia en el estudio de la arquitectura romana y los límites de la arqueología en la reconstrucción volumétrica de los antiguos edificios. De hecho, el trabajo de M. Serena Vinci nos permite avanzar en tres aspectos complementarios en la interpretación de la arquitectura pública romana que sobrepasan el ámbito local de la arqueología tarragonina: los procesos productivos que envolvían la construcción romana, la organización en terrazas de grandes santuarios de altura y la imagen simbólica de los edificios públicos canalizada a través de la decoración arquitectónica realizada en mármol.

La arquitectura pública romana fue el resultado de la interacción de procesos productivos complejos. Desde un punto de vista conceptual no eran diferentes de los que envolvían la fabricación de todo tipo de artefactos (cerámicas, esculturas, armas, etc.). Cada tipo de objeto, por su material, tamaño y complejidad, es el resultado de unas específicas leyes de producción. Para estudiar la producción de edificios romanos disponemos de algunos textos y documentos escritos antiguos. En general, son de difícil interpretación. Existe una fuente complementaria de conocimiento formada por las huellas de construcción que se han conservado en los muros, cimientos, bloques de piedra, bóvedas e incluso lugares de aprovisionamiento de materiales de construcción. Su estudio es una fuente de conocimiento para explicar la obtención de los materiales de construcción y su puesta en obra. El trabajo de M. Serena Vinci presenta datos fundamentales sobre el aprovisionamiento de calcarenita local, la labra y producción de los sillares y su puesta en obra a partir de las grapas y marcas de montaje de los bloques conservados in situ. El primer aspecto se centra en los datos procedentes de la cantera del Medol (El Clot). Junto al frente de extracción se descubrieron los restos del taller de primera elaboración de la piedra extraída con cientos de bloques descartados. Debemos agradecer a la autora la identificación sistemática de 77 marcas (58 incisas y 19 pintadas) y el estudio de la labra de los sillares. La obra nos aporta además el catálogo de las marcas en los sillares que forman parte de los muros conservados in situ. Los datos habían sido recogidos en artículos precedentes por la autora, aunque en este volumen son presentados de forma coherente en un intento de relacionar el proceso productivo con la organización de los edificios. Es cierto que otros autores, algunos muy recientes, han publicado marcas de producción e improntas de los procesos de puesta en obra encontradas en los sillares que forman los muros romanos de Tarragona. En general se trata de simples inventarios de fichas que no inciden en la perspectiva procesual de la construcción de edificios. Este trabajo, sin embargo, ha intentado integrar los datos en una explicación coherente de todas las etapas de la construcción sin limitarse a la mera identificación de los materiales pétreos empleados y de sus canteras de procedencia.

Los edificios de la acrópolis de Tarraco fueron organizados en base a un sistema de terrazas de escala gigantesca, destinadas a transformar completamente la topografía de la colina buscando reforzar el impacto del conjunto en el paisaje. El gigantismo en la arquitectura romana había nacido con los grandes santuarios republicanos, en particular los del Lacio (Praeneste, Tibur, Terracina, etc.) aunque tuvo su mayor expresión en las construcciones imperiales de la propia Roma (los foros imperiales y templos como el de Claudio o el de Serapis). Naturalmente, cuando Augusto se dio cuenta de la importancia del tamaño a la hora de construir escenografías urbanas, el espacio intra urbe estaba ya saturado de edificios. Por ello, la escala gigantesca se pudo materializar con mayor facilidad en los grandes centros monumentales provinciales de Cartago, Lyon, Baalbek, Leptis Magna y, por supuesto, Tarraco. Aumentar exageradamente el tamaño de los edificios implicó aumentar exponencialmente los problemas de su diseño.

En realidad tenemos todavía muchas incógnitas por resolver en la historia arquitectónica de todos los grandes conjuntos de edificios provinciales y Tarraco no es una excepción. Comenzando por la posición del Templo de Augusto: desgraciadamente la reciente excavación en la nave central de la catedral de Tarragona no encontró los cimientos necesarios para soportar un edificio con columnas de más de 10 metros de altura. ¿Existió realmente el templo representado en las monedas del emperador Tiberio? Naturalmente, ni la autora ni nadie puede responder hoy en día a esta pregunta. Tampoco conocemos con certeza las etapas que siguió la construcción de los edificios de las tres terrazas. Aquí la autora sigue, al igual que todos los investigadores que se han ocupado del tema, los escasísimos datos estratigráficos publicados y la interpretación de Geza Alföldy sobre la cronología de los basamentos de estatua relacionados con el concilium provincial. Sin embargo, seguimos sin saber que ocurrió en la Acrópolis en época de Augusto, antes por tanto de la planificación de los edificios asociados con la administración de la provincia Citerior. ¿Cuál era la función y el nombre de las dos grandes plazas y de los criptopórticos que las rodeaban? Walter Trillmich planteó hace años que era un abuso por nuestra parte utilizar el término “foro provincial”. Fue convincentemente respondido por Joaquín Ruiz de Arbulo: el término de “plaza de representación” es un término usado por comodidad que en realidad añadimos nosotros, no significa nada. Con todo, el problema terminológico no afecta sólo al caso de Tarraco: tampoco sabemos cómo funcionaban los foros imperiales de Roma. Hace ya 25 años que Elisabetta Carnabuci publicó su trabajo sobre las funciones judiciales del Foro de Augusto y desde entonces se ha publicado una enorme bibliografía sobre el uso de los grandes espacios públicos de la Urbs. A pesar de ello, seguimos sin tener una idea clara del programa funcional que permitió planificar la construcción de estos edificios gigantescos. En el foro Severiano de Leptis Magna, por ejemplo, contamos con la gran basílica y sus dependencias. Sin embargo, en Tarraco parece que sólo se construyeron los criptopórticos rodeando las dos plazas porticadas. ¿Dos tipologías tan diferentes pudieron servir para funciones similares? ¿Los pórticos de la plaza superior de Tarraco fueron el escenario de los juicios y tribunales como sucedía en Roma? ¿Qué ocurría en los foros que carecían de basílica, como Conimbriga o Arles?

En el caso de Tarraco, un aspecto arqueológico, tratado por la autora, aporta indicios estratigráfico-cronológicos y funcionales para interpretar el conjunto. Se trata del edificio abovedado incorporado a la subestructura del circo. Por desgracia, siguen en pié las dudas estratigráficas que planteó la excavación de 1993 de la Volta Llarga realizada por Lluis Piñol. El TED’A había propuesto una interpretación de la secuencia de las bóvedas, Lluis Piñol propuso otra, M. Serena Vinci propone otra y yo mismo he publicado una cuarta diferente. En cualquier caso, las reflexiones de M. Serena Vinci se suman al estudio arquitectónico (y dibujo) del Circo iniciado por Salvador Tarragó y proseguido por Xavier Dupré, Patrizia Verduchi y actualmente por el ICAC y la Escuela de Arquitectura de Reus.

Finalmente, no podemos dejar de comentar las aportaciones de este trabajo al estudio de los alzados de mármol de los edificios representativos de época imperial en Roma y en las provincias. El hallazgo de bloques de mármol de Carrara-Luni que formaban parte del alzado de edificios romanos en el entorno de la catedral de Tarragona ha sido considerado por todos los investigadores como una prueba de que los muros de piedra local (Mèdol) de la terraza superior del conjunto (denominada Recinto de Culto) estaban revestidos con losas de mármol y sus pórticos fueron realizados con este mismo material. El tema había sido ya considerado por Puig i Cadafalch en sus trabajos sobre la arquitectura romana en Catalunya y volvió a ser considerado por Hauschild en sus publicaciones sobre Tarraco. Sin embargo, sólo en 1993, yo mismo junto a Patrizio Pensabene intentamos una interpretación conjunta de los limitados y escasos bloques de mármol que se han conservado utilizando para ello el gran muro de ventanas que rodea la catedral medieval. M. Serena Vinci, naturalmente, presenta una revisión de nuestra interpretación y reflexiona además sobre las reacciones que en los últimos años ha producido el trabajo de 1993. Como no podía ser de otro modo, los numerosos arqueólogos de Tarragona han venido matizando y presentando sus objeciones y propuestas alternativas. Se recogen las opiniones de Macias, Menchon, Peña, Teixell, Muñoz, Pociña, Remolá, Domingo e incluso la revisión de su propio trabajo realizada por el propio Pensabene. No hay duda de que la multiplicación de miradas enriquece la perspectiva global. Con todo, ninguna de estas aportaciones cuestiona el esquema general que propusimos en 1993 con los pórticos de columnas con capiteles compuestos siguiendo el ritmo de las ventanas del claustro de la catedral y coronados por una ático decorado con clípeos. El hallazgo de fragmentos nuevos de mármol trabajado permite abrir expectativas nuevas en los detalles de esta reconstrucción. Personajes femeninos que sustituyen a candelabros y cabezas de Júpiter Amón que tal vez se alternaban con cabezas de medusa. Ésta última es la convincente aportación de M. Serena Vinci a la reconstrucción del mensaje propagandístico que escondía la decoración de mármol del Recinto de Culto de Tarraco.

En realidad, todas estas lecturas e interpretaciones ideológicas de los denominados programas decorativos creados en la Roma augustea y transmitidos desde el “Centro del Poder” a las provincias, incluida la que publicamos en 1993, aparecen hoy en día demasiado esquemáticas y simplistas. En relación a las provincias hispanas fueron planteadas en el congreso de Madrid de 1987 Stadbild und Ideologie coordinado por Walter Trillmich, Paul Zanker y Michael Pfanner. Su traducción al español (Imagen urbana e ideología) nos permite comprender actualmente sus limitaciones: la difusión de las formas culturales en el Imperio Romano no dependió exclusivamente de directrices políticas emanadas desde el centro del poder. Fue además resultado de la continuidad de corrientes transversales que en arquitectura implicaban el saber técnico de los talleres que la producían y la continuidad de las tradiciones formales que circulaban por los territorios provinciales. Si a todo ello sumamos el significado de la imagen de los edificios y la semántica como marco inconsciente que envolvía el sentimiento colectivo de espectadores y comitentes, nos damos cuenta de que es necesario construir modelos interpretativos más complejos, pero mejor asentados en la materialidad constructiva de los monumentos. Lo cual es sin duda una de las grandes cuestiones metodológicas que el trabajo de M. Serena Vinci aporta al conocimiento del conjunto monumental de la Acrópolis de Tarraco y a la comprensión de la gran tradición de la arquitectura publica Imperial romana.

Tarragona-Barcelona
Marzo 2020

ISBN html : 978-2-38149-006-9
Posté le 30/08/2020
EAN html : 9782381490069
ISBN html : 978-2-38149-006-9
Publié le 30/08/2020
ISBN livre papier : 978-2-35613-358-8
ISBN pdf : 978-2-35613-357-1
ISSN : 2741-1508
206 p.
Code CLIL : 4117 ; 3385
http://dx.doi.org/10.46608/DANA2.9782381490069.2
licence CC by SA

Comment citer

Mar, Ricardo, “Presentazione”, in : Vinci, Maria Serena, Il “Foro Provinciale” di Tarraco (Hispania Citerior): tecniche e processi edilizi, Pessac, Ausonius éditions, collection DAN@ 2, 2020, p. 9-12, Bordeaux, [En ligne] https://una-editions.fr/presentazione [consulté le 7 septembre 2020].

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